Huella de carbono durante la pandemia

No podemos dejar de pasar la oportunidad de relacionar la situación actual con el medioambiente y como estos meses de dura lucha contra una pandemia mundial nos dejan datos sorprendentes. La COVID19 nos ha obligado a cambiar nuestro panorama energético, laboral, sanitario… Muchos nos hemos tenido que quedar en casa durante meses teletrabajando, muchas fábricas han debido parar su producción, las aerolíneas han visto frenado en seco sus movimientos…

¿Cómo ha afectado al medioambiente esta situación?

Os recordamos que en nuestro anterior artículo definíamos la huella de carbono como el concepto que calcula las emisiones de gases de efecto invernadero de forma directa o indirecta.

Durante los confinamientos más restrictivos y generalizados, las emisiones en algunos países eran en torno a un 30 por ciento inferiores a las medias del año pasado.

Glen PetersAutor del análisis de Nature Climate Change

Solo observaremos un descenso de las concentraciones atmosféricas cuando reduzcamos nuestras emisiones más que ahora y durante más tiempo

Zhu Liu, Universidad de Tsinghua

Tratamos la atmósfera como si fuera un vertedero enorme. Pero cuando tiras algo a la basura, sigue en el vertedero. Sigue ahí fuera.

Ralph Keeling, científico del Instituto de Oceanografía Scripps

Caeríamos en un error al pensar que una disminución de las emisiones de GEI conlleva a una reducción proporcional a la concentración de partículas en el aire. Según los científicos acumulamos en nuestra atmósfera, aproximadamente, la mitad de los gases emitidos.

Además de este continuo ascenso, que depende principalmente de la huella de carbono de los humanos, las concentraciones de CO2 suben y bajan según las estaciones. Son más elevadas a finales de primavera cada año, cuando las centrales del hemisferio norte despiertan del invierno y devoran carbón, y más bajas a principios del otoño, cuando las centrales se desaceleran para el invierno (el hemisferio norte tiene mucha más tierra y centrales que el sur y domina el patrón).

Richard Betts, científico de la Met Office del Reino Unido afirma que «el mensaje que debemos sacar de esto es que lo que se puede lograr con acciones individuales tiene un límite», acciones como conducir y volar menos. «Es probable que hayamos hecho todo lo posible a nivel personal para reducir nuestras propias emisiones durante esta época devastadora».

Así que «no se trata de volver a la normalidad de antes, sino a una normalidad mejor».

Según el informe de Betts la reducción de la concentración ha sido infinitesimal, contando con que la huella de carbono global ha llegado a descender hasta un 30% en los momentos más duros y que al final de año esa reducción estará por debajo del 8%.

Explicándolo de otro modo: aún emitimos más del 80 por ciento de CO2 de lo normal, aunque la vida haya sufrido cambios tan devastadores. Ahora es más evidente que quedarse en casa no basta para resolver la crisis climática.

A modo de resumen podemos decir que aunque la huella de carbono haya disminuido considerablemente, no es suficiente debido, por un lado, a que siguen siendo excesivas y a que la concentración en la atmósfera apenas ha variado tras estos acontecimientos.

Podéis leer más acerca de esto en United in Science 2020 de la ONU y en National Geographic

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